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Capitulo 1 de Tragedia de Apología

William John Sandoya Castro

02/03/2010

¿Quién nos iba a decir que hoy seguiríamos aquí?, y pensar que nacimos tras una disolución. Siempre he creído que a lo largo de la vida iba a conocer mucha gente y entre todas aquellas personas que iba a conocer existirían aquellos que estarán cuando yo muera. Según la gente no hay que decirlo muy alto, porque te puedes equivocar y no le quito razón, pero hay cosas en la vida sobre las que una persona está seguro de lo que dice y Quo Vadis Krew es una de esas cosas. Empezamos allá a finales del 2003, por aquel entonces un grupo de jóvenes hacía música, cada uno tenía su trayectoria y cada uno había empezado de una manera distinta. Mi trayectoria había empezado cuando tenía 13 o 14 años en Guayaquil, una ciudad de la costa de Ecuador, puede que no haya sido el mejor por aquel entonces, pero mis padres me habían enseñado a lo largo de su vida que la práctica hace maestros.

Crecí en un barrio pobre de Guayaquil, la mayoría de los jóvenes eran delincuentes, no estudiaban y casi todos se morían antes de cumplir 18 años, si no era por un tiroteo en el barrio, se morían de tanto consumo de drogas, la vida del barrio era vida de perro callejero, uno pasaba todo el día en la calle y se buscaba la vida como fuese. Sin lugar a duda yo era alguien especial y diferente al resto, estuve con ellos pero nunca fui uno de ellos, pero eso no era porque yo no quisiera ser como ellos, sino porque tuve 2 personas a las que le debo la vida y que me corrigieron en todo momento, mis padres.

En el barrio todo el mundo escuchaba rap, las casas eran de cañas, pero la juventud era muy novedosa y aunque no tenían para comer, tenían unos altavoces grandísimos que sonaban en todo el barrio con la música a todo volumen, la verdad es que escuchar rap nunca me incomodó, pero sí había algo que me molestaba y eso eran los domingos. Los domingos eran horribles para mí, los odiaba, no se imaginan la desesperación que da escuchar a las 6 de la mañana a un puñado de borrachos oyendo y canturreando ballenatos. El ballenato suele ser música triste, que solo habla de traiciones, mentiras, engaños, mujeres y esas cosas, era demasiado para mí escuchar todo eso, solo faltaba que se cortaran las venas de tantas penas.

Por lo demás, el barrio era "jodido", pero "entrañable", uno tenía sus amigos, rapeaba en la calle, jugaba fútbol en la cancha, nos reíamos, peleábamos,- en fin, un barrio como el de todos-, imaginaba por aquel entonces. Durante aquel trayecto de mi vida conocí y vi morir mucha gente que estuvo a mi alrededor y mis padres fueron conscientes de todo aquello y por eso tomaron la decisión de emigrar hacia un nuevo sitio con más oportunidades, casi siempre mis padres hablaban de emigrar a Estados Unidos.

Estados Unidos es la tierra de las oportunidades para los latinoamericanos, sabíamos que era difícil entrar, pero sabíamos que una vez estuviéramos dentro íbamos a salir adelante. Yo creía que mi futuro iba a estar en Estados Unidos, pero la vida dio cambios y venimos a parar a un sitio llamado Gandía al Oeste de la antigua España, nunca me había imaginado venir a la tierra de aquellos que nos habían conquistado, pero el 17 de abril del 2000 el avión aterrizó en Madrid y mi madre nos recibió llorando de alegría.

Gandía era un sitio raro para mí, no había gente en las canchas, nadie jugaba al fútbol, los parques estaban vacíos, la droga era normal para la juventud y yo hablaba castellano pero no me entendían y muchas veces no les entendía yo a ellos; me sentía raro, era como un águila en una jaula de un periquito, no veía horizonte, ni principio, ni fin, así que volví a refugiarme en la poesía y el rap. Tenía casetes viejos con instrumentales que había usado en el barrio para hacer letras, pero las letras eran muy violentas, yo mismo sin haberme dado cuenta hablaba como uno más del barrio, pero yo ya no estaba en el barrio.

La triste Gandía le llamaba, nadie vestía con los pantalones anchos, me veían como un bicho raro, no sé si por mi cara de indio o por mi vestimenta demasiado grande, lo de mi vestimenta era por herencia y comodidad, nunca vestí de Karl, pero no voy a negar que me hubiera gustado, mi mentalidad era producto de "yankilandia".
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