Mi paseo solitario de primavera por Nicasio Álvarez de Cienfuegos
Buscador de poesias: MI PASEO SOLITARIO DE PRIMAVERANicasio Álvarez de Cienfuegos18/12/2008 Mihi natura aliquid semper amare dedit.
Dulce Ramón, en tanto que, dormido a la voz maternal de primavera, vagas errante entre el insano estruendo del cortesano mar siempre agitado, yo, siempre herido de amorosa llama, busco la soledad y en su silencio sin esperanza mi dolor exhalo. Tendido allí sobre la verde alfombra de grama y trébol, a la sombra dulce de una nube feliz que marcha lenta, con menudo llover regando el suelo, late mi corazón, cae y se clava en el pecho mi lánguida cabeza, y por mis ojos violento rompe el fuego abrasador que me devora. Todo despareció; ya nada veo ni siento sino a mí, ni ya la mente puede enfrenar la rápida carrera de la imaginación que, en un momento, de amores en amores va arrastrando mi ardiente corazón, hasta que prueba en cuántas formas el amor recibe toda su variedad y sentimientos. Ya me finge la mente enamorado de una hermosa virtud: ante mis ojos está Clarisa; el corazón palpita a su presencia: tímido, no puede el labio hablarla; ante sus pies me postro, y con el llanto mi pasión descubro. Ella suspira y, con silencio amante, jura en su corazón mi amor eterno; y llora y lloro, y en su faz hermosa el labio imprimo, y donde toca ardiente su encendido color blanquea en torno... Tente, tente, ilusión... Cayó la venda que me hacía feliz; un cefirillo de repente voló, y al son del ala voló también mi error idolatrado. Torno ¡mísero! en mí, y hállome solo, llena el alma de amor y desamado entre las flores que el abril despliega, y allá sobre un amor lejos oyendo del primer ruiseñor el nuevo canto. ¡Oh mil veces feliz, pájaro amante, que naces, amas, y en amando mueres! Ésta es la ley que, para ser dichosos, dictó a los seres maternal natura. ¡Vivificante ley! el hombre insano, el hombre solo en su razón perdido olvida tu dulzor, y es infelice. El ignorante en su orgullosa mente quiso regir el universo entero, y acomodarle a sí. Soberbio réptil, polvo invisible en el inmenso todo, debió dejar al general impulso que le arrastrara, y en silencio humilde obedecer las inmutables leyes. ¡Ay triste! que a la luz cerró los ojos, y en vano, en vano por doquier natura, con penetrante voz, quiso atraerle: de sus acentos apartó el oído, y en abismos de mal cae despeñado. Nublada su razón, murió en su pecho su corazón; en su obcecada mente, ídolos nuevos se forjó que, impíos, adora humilde, y su tormento adora. En lugar del amor que hermana al hombre con sus iguales, engranando a aquéstos con los seres sin fin, rindió sus cultos a la dominación que injusta rompe la trabazón del universo entero, y al hombre aísla, y a la especie humana. Amó el hombre, sí, amó, mas no a su hermano, sino a los monstruos que crió su idea: al mortífero honor, al oro infame, a la inicua ambición, al letargoso indolente placer, y a ti, oh terrible sed de la fama; el hierro y la impostura son tus clarines, la anchurosa tierra a tu nombre retiembla y brota sangre. Vosotras sois, pasiones infelices, los dioses del mortal, que eternamente vuestra falsa ilusión sigue anhelante. Busca, siempre infeliz, una ventura que huye delante de él, hasta el sepulcro, donde el remordimiento doloroso, de lo pasado levantando el velo, tanto mísero error al fin encierra. ¿Dó en eterna inquietud vagáis perdidos, hijos del hombre, por la senda oscura do vuestros padres sin ventura erraron? Desde sus tumbas, do en silencio vuelan injusticias y crímenes comprados con un siglo de afán y de amargura, nos clama el desengaño arrepentido. Escuchemos su voz; y, amaestrados en la escuela fatal de su desgracia, por nueva senda nuestro bien busquemos, por virtud, por amor. Ciegos humanos, sed felices, amad: que el orbe entero morada hermosa de hermanal familia sobre el amor levante a las virtudes un delicioso altar, augusto trono de la felicidad de los mortales. Lejos, lejos honor, torpe codicia, insaciable ambición; huid, pasiones que regasteis con lágrimas la tierra; vuestro reino expiró. La alma inocencia, la activa compasión, la deliciosa beneficencia, y el deseo noble de ser feliz en la ventura ajena han quebrantado vuestro duro cetro. ¡Salve, tierra de amor! ¡mil veces salve, madre de la virtud! al fin mis ansias en ti se saciarán, y el pecho mío en tus amores hallará reposo. El vivir será amar, y dondequiera Clarisas me dará tu amable suelo. Eterno amante de una tierna esposa, el universo reirá en el gozo de nuestra dulce unión, y nuestros hijos su gozo crecerán con sus virtudes. ¡Hijos queridos, delicioso fruto de un virtuoso amor! seréis dichosos en la dicha común, y en cada humano un padre encontraréis y un tierno amigo, y allí... Pero mi faz mojó la lluvia. ¿Adónde está, qué fue mi imaginada felicidad? De la encantada magia de mi país de amor vuelvo a esta tierra de soledad, de desamor y llanto. Mi querido Ramón, vos mis amigos, cuantos partís mi corazón amante, vosotros solos habitáis los yermos de mi país de amor. Imagen santa de este mundo ideal de la inocencia, ¡ay, ay! fuera de vos no hay universo para este amigo que por vos respira. Tal vez un día la amistad augusta por la ancha tierra estrechará las almas con lazo fraternal. ¡Ay! no; mis ojos adormecidos en la eterna noche no verán tanto bien. Pero, entretanto, amadme, oh amigos, que mi tierno pecho pagará vuestro amor, y hasta el sepulcro en vuestras almas buscaré mi dicha. Escribe tu comentario sobre esta poesía. Rellena todos los datos de manera correcta. Es OBLIGATORIO el respeto a los diferentes autores y sus obras. Poesías u Obras QVK- Capítulo 4 de Tragedia de Apología (continuación) por Cancela, Marcial
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