Carta a mi padre
William John Sandoya Castro
09/09/2008
Sr. Sandoya,
Siempre lo vi así, usted es don Sandoya y yo el mayor de su estirpe. Hola papá, quizás ni me conteste, no se preocupe, sé entiende, usted es un hombre con casi 57, yo un crío que aun no llega a 27 y a veces me comporto como si tuviera 7, pero no he venido aquí para echarnos las culpas sino al contrario, he venido aquí para recordarlo.
Excelente padre, eso no lo dudamos, el mejor de los ejemplos que ha tenido este "Guerrero", si papá usted me hizo a mi un guerrero, ya de pequeño me enseño a pelear, a disparar, a defenderme, a dar la vida por esta familia, a cuidar a mi hermano, a respetarlo, a venerar a madre, ya de pequeño aprendí a ser valiente, leal, me enseño el honor, me enseño a cuidar mis espaldas, me enseño a luchar por una causa, a ser un líder, dios, usted es de un hombre en todo la magnificencia de esa palabra. ¡HOMBRE!.
Rey de reyes, todo lo que tuve fue por su trabajo, mi educación salió del sudor de su frente, si migramos fue para evitar mi muerte en ese barrio jodido al cual amamos, siempre lo hizo todo por mi, dejo su vida para estar con sus dos hijos, de tres que le aseguro pronto encontraremos a la hermana de estos dos Sandoya, yo se lo juro.
Y sigo dándole dolores de cabeza, papá a usted no me atrevo ni a levantarme la voz, prefiero irme a llorar detrás de la piedra mas alta, en la montaña mas grande antes de que gritarle o que me vea llorar, pero ya lo sabe soy un llorón, pero mi llorar es por amor. Recordando, quiero pedirle disculpas por el día que nos enfrentamos, aquel día que llegamos a las manos, gracias por hacerme sentir miedo, muchas veces no robe por ese miedo a usted, gracias por defenderme cuando con 13 años me reventaron la espalda, gracias por regalarme un balón de futbol nuevo cuando con 10 años, “Bufón” me lo tiró de un patazo, yo si sé quien tuvo huevos para ir a recuperarlo. Fue usted.
Ni se acordará, se acuerda cuando quisieron incendiar la casa y usted con machete en mano y con pistola en otra, y yo con un palo en una y con pistola en otra, nos enfrentamos como contra 12 ladrones, siendo sincero, tenia miedo, pero usted fue quien me enseño que el miedo hay que controlarlo, usted fue quien me dijo que el día que uno se tiene que morir se morirá, de un balazo o una gripe. El miedo se tiene, se controla y si lo controlas eso es lo que te hace valiente.
Usted tiene mil historias, es don Sandoya, en el barrio lo recuerdan a usted por sus obras. Digamos que yo soy el hijo de don Sandoya y doña Lupe, padre, solo una cosa que no entiendo, siendo tan perfecto, ¿porque nunca me dio un abrazo?, lo dejo caer porque no me atrevo a decírselo a la cara, aun tengo miedo... Bueno, evitemos todo lo malo, mi mama me cuenta que cuando era pequeño, me llevaba a hombros para todos lados, quizás por eso aprendí a jugar al futbol, papa, mi obra mas grande esta por llegar y seguro que usted estará a mi derecha, corrigiéndome, con esa actitud de gran cacique que va a dejar que su hijo aprenda, con la enseñanza de brujo sabio que dejará que su hijo aprenda, y seguro estará de que seré como usted: "Un buen padre y buen esposo", perdón me equivoque: "El mejor padre y el mejor esposo".
Fui testigo, usted trajo pan y vino, mamá sirvió y preparo ese pan y ese vino, dos niños lo disfrutaron, nos cuido a punta de balazos, hizo de una casa de cuatro cañas, una casa de 4 plantas bien reforzada, en la punta mas alta, la 24 de Octubre, su barrio. Algún día nos sentaremos en la misma mesa: Usted y su familia, que cada día crece más, papá su familia también son las personas que sus hijos elijan, esto entiéndalo pronto por amor a Dios.
Me despido con un abrazo sincero, un perdón si en algo me equivoco y algo que me enseño esta mañana, usted es mi verdadera guía, Familia y Honor.
Atentamente,
El hijo de Don Sandoya.
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