Cantad, hermosas por Carolina Coronado
Buscador de poesias: CANTAD, HERMOSASCarolina Coronado02/10/2008 Las que sintáis, por dicha, algún destello del numen sacro y bello, que anima la dulcísima poesía, oíd: no injustamente su inspiración naciente sofoquéis en la joven fantasía.
Si en el pasado siglo intimidadas las hembras desdichadas, ahogaron entre lágrimas su acento, no es en el nuestro mengua, que en alta voz la lengua revele el inocente pensamiento.
Do entre el escombro de la edad caída, aun la voz atrevida, suena, tal vez, de intolerante anciano, que en áspera querella rechaza de la bella el claro ingenio, cual delirio insano.
Mas ¿qué mucho que sienta la mudanza quien el recuerdo alcanza de la edad en que al alma femenina se negaba el acento, que puede, por el viento, libre exhalar la humilde golondrina?
Aquellas mudas turbas de mujeres, que penas y placeres en silencioso tedio consumían, ahogando en su existencia su viva inteligencia, su ardiente genio, ¡cuánto sufrirían!
¡Cuál de su pensamiento la corriente, cortada estrechamente por el dique de bárbaros errores, en pantano reunida, quedara corrompida en vez de fecundar campos de flores!
¡Cuánto lozano y rico entendimiento, postrado sin aliento, en esos bellos cuerpos juveniles, feneció, tristemente, miserable y doliente-, desecado en la flor de los abriles!
¡Gloria a los hombres de alma generosa, que la prisión odiosa rompen del pensamiento femenino! gloria a la estirpe clara que nos guía y ampara por nuevo anchurosísimo camino!
Lágrimas de entusiasmo agradecidas, en sus manos queridas, viertan los ojos en ofrenda pura: pues, sólo con dejarnos, cantando consolarnos nos quitan la mitad de la tristura.
¡Oh cuánto es más dichosa el alma mía, desde que al arpa fía sus hondos concentrados sentimientos! ¡Oh cuánto alivio alcanzo, desde que al aire lanzo, con expansión cumplida, mis acentos!
Yo de niña en mi espíritu sentía vaga melancolía de secreta ansiedad, que me agitaba; mas, al romper mi canto, cien veces, con espanto, en la mente infantil lo sofocaba.
Que entonces, en mi tierra, parecía la sencilla poesía maléfica serpiente cuyo aliento dicen, que marchitaba a la joven que osaba su influjo percibir sólo un momento.
¿Cómo a la musa ingenua y apacible, bajo el disfraz terrible, con que falsa nos muestra antigua gente su cándida hermosura, pudiera sin pavura conocer y adorar antes la mente?
¡Qué rara maravilla y que alegría sintió mi fantasía cuando mudada vio la sierpe fiera en niña mansa y pura, tan llena de ternura, que no hay otra más dulce compañera!
¡Cuál mi embeleso fije, cuando a su lado mi espíritu mimado y en su inocente halago suspendido, suavísimas las horas tras de voces sonoras, pasó vagando en venturoso olvido!
Decid a los que el odio en ella ensañan, que viles os engañan esa deidad al calumniar osados; decidles, que no es ella la que infunde a la bella afectos en el alma depravados.
Si brota en malos troncos injertada será porque arrancada del primitivo suelo con violencia de la rarna en que vive, a su pesar recibe el venenoso jugo su existencia.
Empero, no esa flor alba y hermosa aroma perniciosa de la doncella ofrece a los sentidos, a los que tal dijeron, decidles que mintieron como necios y torpes y atrevidos.
Y aquéllas que sintáis algún destello del numen sacro y bello, que anima la dulcísima poesía, llegad tranquilamente, y en su altar inocente rendid vuestro homenaje de armonía.
Hallen los pensamientos oprimidos, que ulceran los sentidos, giro en la voz y en nuestras almas, ecos, si con silencio tanto de ese mudo quebranto los corazones ya no tenéis secos.
Cántenos su infortunio cada bella, que si la pena de ella penetra con su ciencia, acaso, el mundo, mejor que los doctores explica sus dolores con agudo gemir, el moribundo.
Dichas, amores, penas, alegrías, lloros, melancolías, trovad, al son de plácidos laúdes, mas ¡ay de la cantora que a esa región sonora suba sin inocencia y sin virtudes!
Pues, en vez de quedar su vida impura bajo de losa oscura en silencioso olvido sepultada, con su genio y su gloria, de su perversa historia eterno hará el baldón, la desdichada.
Cante la que mostrar la erguida frente pueda serenamente sin mancilla a la luz clara del cielo; cante la cine a este mundo de maldades fecundo venga con su bondad a dar consuelo.
Cante, la que en su pecho fortaleza para alzar con pureza su espíritu al excelso templo, halle: pero, la indigna dama huya la eterna fama, devore su ambición, se oculte y calle. Escribe tu comentario sobre esta poesía. Rellena todos los datos de manera correcta. Es OBLIGATORIO el respeto a los diferentes autores y sus obras. Poesías u Obras QVK- Soluciones a un país de corrupción por Sandoya Castro, William John
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