Buscador de poesias: LOS FORMALES Y EL FRÍO
por Mario Benedetti | | 21/09/2008 14:08 | Quién iba a prever que el amor ese informal se dedicara a ellos tan formales
mientras almorzaban por primera vez ella muy lenta y él no tanto y hablaban con sospechosa objetividad de grandes temas en dos volúmenes su sonrisa la de ella era como un augurio o una fábula su mirada la de él tomaba nota de cómo eran sus ojos los de ella pero sus palabras las de él no se enteraban de esa dulce encuesta
como siempre o como casi siempre la política condujo a la cultura así que por la noche concurrieron al teatro sin tocarse una uña o un ojal ni siquiera una hebilla o una manga y como a la salida hacía bastante frío y ella no tenía medias sólo sandalias por las que asomaban unos dedos muy blancos e indefensos fue preciso meterse en un boliche
y ya que el mozo demoraba tanto ellos optaron por la confidencia extra seca y sin hielo por favor cuando llegaron a su casa la de ella ya el frío estaba en sus labios los de él de modo que ella fábula y augurio le dio refugio y café instantáneos
una hora apenas de biografía y nostalgias hasta que al fin sobrevino un silencio como se sabe en estos casos es bravo decir algo que realmente no sobre
él probó sólo falta que me quede a dormir y ella probó por qué no te quedas y él no me lo digas dos veces y ella bueno por qué no te quedas de manera que él se quedó en principio a besar sin usura sus pies fríos los de ella después ella besó sus labios los de él que a esa altura ya no estaban tan fríos y sucesivamente así mientras los grandes temas dormían el sueño que ellos no durmieron.
| AJEDREZ
por Jorge Luis Borges | | 12/09/2008 14:36 | I
En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas. El tablero los demora hasta el alba en su severo ámbito en que se odian dos colores.
Adentro irradian mágicos rigores las formas: torre homérica, ligero caballo, armada reina, rey postrero, oblicuo alfil y peones agresores.
Cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito.
En el Oriente se encendió esta guerra cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra. Como el otro, este juego es infinito.
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada reina, torre directa y peón ladino sobre lo negro y blanco del camino buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino, no saben que un rigor adamantino sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza. ¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza de polvo y tiempo y sueño y agonías?
| LAILYE
por Alfonso Reyes | | 28/09/2008 18:57 | Lailye ¿cuándo vuelves a México y me buscas, ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán? Juntos recordaríamos aquellas cosas bruscas del asno, el indio, el loro, la araña, el alacrán . . .
A ti que te sorprendes —aunque jamás te ofuscas— con nuestros usos y nuestra agua y nuestro pan ¿qué te parecería si vuelves y me buscas, ya sea en Cuernavaca, ya sea en Tepoztlán?
¿Te acuerdas? Era entonces tu ser surco en amagos, flor de capullo, germen de amores y pasiones. Y ahora que te abriste al triunfo y los halagos
—¡oh suma de los pueblos, compendio de naciones!—, dime: ¿a qué te sabría volver por estos pagos, estrella de los rumbos y de las tentaciones?
| LOS SONETOS DE LA MUERTE
por Gabriela Mistral | | 22/09/2008 06:26 | I
Del nicho helado en que los hombres te pusieron, te bajaré a la tierra humilde y soleada. Que he de dormirme en ella los hombres no supieron, y que hemos de soñar sobre la misma almohada.
Te acostaré en la tierra soleada con una dulcedumbre de madre para el hijo dormido, y la tierra ha de hacerse suavidades de cuna al recibir tu cuerpo de niño dolorido.
Luego iré espolvoreando tierra y polvo de rosas, y en la azulada y leve polvareda de luna, los despojos livianos irán quedando presos.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas, ¡porque a ese hondor recóndito la mano de ninguna bajará a disputarme tu puñado de huesos!
II
Este largo cansancio se hará mayor un día, y el alma dirá al cuerpo que no quiere seguir arrastrando su masa por la rosada vía, por donde van los hombres, contentos de vivir...
Sentirás que a tu lado cavan briosamente, que otra dormida llega a la quieta ciudad. Esperaré que me hayan cubierto totalmente... ¡y después hablaremos por una eternidad!
Sólo entonces sabrás el por qué no madura, para las hondas huesas tu carne todavía, tuviste que bajar, sin fatiga, a dormir.
Se hará luz en la zona de los sinos, oscura; sabrás que en nuestra alianza signo de astros había y, roto el pacto enorme, tenías que morir...
III
Malas manos tomaron tu vida desde el día en que, a una señal de astros, dejara su plantel nevado de azucenas. En gozo florecía. Malas manos entraron trágicamente en él...
Y yo dije al Señor: —«Por las sendas mortales le llevan. ¡Sombra amada que no saben guiar! ¡Arráncalo, Señor, a esas manos fatales o le hundes en el largo sueño que sabes dar!
»¡No le puedo gritar, no le puedo seguir! Su barca empuja un negro viento de tempestad. Retórnalo a mis brazos o le siegas en flor».
Se detuvo la barca rosa de su vivir... ¿Que no sé del amor, que no tuve piedad? ¡Tú que vas a juzgarme, lo comprendes, Señor!
| DE ANDRÓMEDA
por Lope Félix de Vega Carpio | | 15/09/2008 08:56 | Atada al mar Andrómeda lloraba, los nácares abriéndose al rocío, que en sus conchas cuajado en cristal frío, en cándidos aljófares trocaba.
Besaba el pie, las peñas ablandaba humilde el mar, como pequeño río, volviendo el sol la primavera estío, parado en su cénit la contemplaba.
Los cabellos al viento bullicioso, que la cubra con ellos le rogaban, ya que testigo fue de iguales dichas,
y celosas de ver su cuerpo hermoso, las nereidas su fin solicitaban, que aún hay quien tenga envidia en las desdichas.
| Para un mordisco
por Alfonso Reyes | | 28/09/2008 19:00 | Propio camaleón de otros cielos mejores, A cada nueva aurora mudaba de colores.
Así es que prefiriera a su rubor primero El tizne que el oficio deja en el carbonero.
Quiero decir (me explico): la mudanza fue tal, que iba del rojo al negro lo mismo que Stendhal.
Luego, un temblor de púrpura casi cardenalicio (que viene a ser también el tizne de otro oficio)
se quebró en malva y oro con bandas boreales, que ni el disco de Newton exhibe otras iguales.
Es muy de Juan Ramón esto de malvas y oros, O del traje de luces de un matador de toros.
Y no sé si atreverme, en cosa tan sencilla, A decir que hubo una "primavera amarilla",
Con unas vetas verdes, con unos jaspes grises En olas circunflejas como en el mar de Ulises.
¡Ulises yo, que apenas de Caribdis a Escila —de un vértice a un escollo — saciaba la pupila!
Porque como es efímero todo lo que es anhelo, El color se evapora y otra vez sube al cielo,
Y ya sabemos que poco a poco se va Aun la marca de fuego de la infidelidá.
Y se acabó la historia — Tal era la mordida Que lucía en el anca mi querida.
| QUINCE MONEDAS
por Jorge Luis Borges | | 13/09/2008 07:08 | A Alicia Jurado
Un poeta oriental
Durante cien otoños he mirado tu tenue disco. Durante cien otoños he mirado tu arco sobre las islas. Durante cien otoños mis labios no han sido menos silenciosos.
El desierto
El espacio sin tiempo. La luna es del color de la arena. Ahora, precisamente ahora, mueren los hombres del Metauro y de Tannenberg.
LLueve
¿En qué ayer, en qué patios de Cartago, cae también la lluvia?
Asterión
El año me tributa mi pasto de hombres y en la cisterna hay agua. En mí se anudan los caminos de piedra. ¿De qué puedo quejarme? En los atardeceres me pesa un poco la cabeza de toro.
Un poeta menor
La meta es el olvido. Yo he llegado antes.
Génesis, IV, 8
Fue en el primer desierto. Dos brazos arrojaron una gran piedra. No hubo un grito. Hubo sangre. Hubo por vez primera la muerte. Ya no recuerdo si fui Abel o Caín.
Nortumbria, 900 A.D.
Que antes del alba lo despojen los lobos; la espada es el camino más corto.
Miguel de Cervantes
Crueles estrellas y propicias estrellas presidieron la noche de mi génesis; debo a las últimas la cárcel en que soñé el Quijote.
El Oeste
El callejón final con su poniente. Inauguración de la pampa. Inauguración de la muerte.
Estancia El Retiro
El tiempo juega un ajedrez sin piezas en el patio. El crujido de una rama rasga la noche. Fuera la llanura leguas de polvo y sueño desparrama. Sombras los dos, copiamos lo que dictan otras sombras: Heráclito y Gautama.
El prisionero
Una lima. La primera de las pesadas puertas de hierro. Algún día seré libre.
Macbeth
Nuestros actos prosiguen su camino, que no conoce término. Maté a mi rey para que Shakespeare urdiera su tragedia.
Eternidades
La serpiente que ciñe el mar y es el mar, el repetido remo de Jasón, la joven espada de Sigurd. Sólo perduran en el tiempo las cosas que no fueron del tiempo.
E. A. P.
Los sueños que he soñado. El pozo y el péndulo. El hombre de las multitudes. Ligeia… Pero también este otro.
El espía
En la pública luz de las batallas otros dan su vida a la patria y los recuerda el mármol. Yo he errado oscuro por ciudades que odio. Le di otras cosas. Abjuré de mi honor, traicioné a quienes me creyeron su amigo, compré conciencias, abominé del nombre de la patria, me resigné a la infamia.
| UN OTRO CON IGUAL ASUNTO
por Carolina Coronado | | 02/10/2008 07:43 | Abrid los ojos, célica María, más que la luna del enero, claros, abrid los ojos y mirad cuán raros son los dones que Dios tierno os envía: el serafín más bello que tenía entre sus dulces serafines caros coronado de rayos celestiales coloca en vuestros brazos virginales.
¡Mirad quién se os estrecha a la garganta, mirad qué labio os busca con anhelo, mirad, que por el santo rey del cielo qué gozosa estaréis con dicha tanta! Al ser que a vuestro pecho se amamanta velad; señora, con ardiente celo, ¡que ya desesperado y moribundo dél solo espera salvación el mundo!
| VISLUMBRE DEL DÍA ACIAGO
por José Antonio Ramos Sucre | | 12/01/2009 08:29 | El prado fenece en una arboleda. Los vegetales, de un verde luctuoso, prosperan libremente al aire embebido, fiados al sol mortecino. Un ave friolenta, de gorjeo tenue, sube en demanda de la luz. Vuela y trina en medio de un débil esplendor blanco. Posa alguna vez sobre el techo rojo de un edificio, mansión de dos pisos, aislada y abandonada.
Lamenta la primavera transparente, cuando revolaba, trazando orbes y rayas fugaces. Soporta diluvios y torbellinos, meteoros de la estación maligna. Observa el reposo de las nubes y de las sombras amontonadas. Recibe la sugestión de la tierra letárgica y permanece inmóvil, sumada al panorama desanimado.
Resiste las energías calamitosas, soltadas de su cárcel nocturna, juntando los débiles alientos de sí misma, acostumbrada a las oscilaciones de la naturaleza inmortal; y guarda semejanza con el espectador de una escena litúrgica, preliminar del retorno indefectible del júbilo, comentada por el viento en su triste pífano.
| ESPAÑA MÍSTICA
por Carlos Edmundo de Ory | | 02/10/2008 06:57 | Cerro lomo inmenso tímpano doliente y en las perchas de los árboles las casacas de los ángeles se pudren Pones puertas al desierto pantalones al espíritu Lava un poco tu esqueleto con jabón De los muertos muertos de hambre pararrayos de oraciones el ciprés
Tengo sed de alcantarillas y de cerveza bendita Dame prisión de campanas con tus rosarios mohosos Con tus capas de torero hazme un traje funerario un sudario de primera Y en mi tumba pon mañana un cocido de garbanzos con chorizo
Fiesta digna de matracas y cohetes Oh mi España de peluca y de tomate Matricúlame de muerto en la alcaldía y celebra un carnaval de escapularios ese día noche alba o madrugada
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